4 dic. 2014

BENJAMÍN PALENCIA: TEXTOS Y DOCUMENTOS

Es sabido que Benjamín Palencia tuvo una dilatada vida como pintor. Lo que no es tan conocido son los escasos textos que salieron de su mano, muy distanciados entre sí en el tiempo y redactados en unos años de especial trascendencia para el pintor. En ellos, dejará de manifiesto su personal concepto de la pintura, en el que estará muy presente lo esencial del “espíritu español”, y expresarán su voluntad manifiesta de regeneración del arte oficial del momento, cuestión que quedará reflejada en sus escritos.
También veremos algunas cartas y postales que en diferentes momentos envió a personas  muy significativas en su vida: nos referimos al resto de su familia que quedó en Barrax y a Juan Ramón Jiménez. Por ellas, percibiremos su parte más humana, la menos conocida, pues, como es sabido, no era dado a hacer confesiones personales si no era sobre su “pintura”.
El hecho de que Benjamín se alejara tempranamente de su lugar de nacimiento para formarse en Madrid bajo la tutela de Rafael López Egóñez, operaría en él una descontextualización,[1] lo que no significó, como se venía creyendo hasta ahora, que el prematuro alejamiento de su pueblo mientras se formaba como pintor y se integraba en los ambientes culturales de la capital, le impidiese mantener vivo el vínculo que le unía a la poca familia que le quedaba en Barrax: su abuela, su tío José Herreros y sus primas Salomé y Carmen, de quien se conserva un magnífico retrato.[2]
Fuera de este reducido núcleo familiar, en su Barrax natal no tendrían noticia de tan ilustre paisano hasta que consiguió el Gran Premio en la I Bienal Hispanoamericana de Arte en 1951. Las postales que no dejó de enviarles desde 1920 a 1936 son muy explícitas al respecto[3]. Así, desde las  más formales en las que Rafael y Benjamín felicitan al tío del pintor para su santo, hasta las más elocuentes, como la dirigida a sus primas en 1924:

“Queridas primas: Parece mentira que no me hayáis escrito dos letras en contestación  a mi postal, que supongo recibiríais el mes pasado; yo voy un poco retardado para escribir, pero veo que vosotras sois mucho más, y me figuro que es falta de interés y de aprecio. Me acuerdo mucho de vosotras y lo he demostrado con entusiasmo siempre, por eso me molesta que no me correspondáis. Muchos recuerdos de D. Rafael y un abrazo para cada uno de mi parte, y el más apretado para la abuelita. Tu primo Benjamín Palencia”.
De su temprana estancia en París, además de una extensa carta dirigida a Juan Ramón Jiménez, también queda reflejado este primer viaje en otra postal dirigida  a sus primas, fechada el 30 de octubre de 1925:

“Queridas primas Salomé y Carmen: Estoy maravillado de este gran Paris lleno de arte y de atracciones maravillosas. Madrid a su lado es un pueblo insignificante, yo estoy trabajando mucho, he aprendido en un mes y medio que llevo más que dos años en Madrid. He visto cosas preciosas de arte nuevo, aquí es donde residen los artistas más grandes del mundo. Se está celebrando una exposición de arte decorativo de todos los países del mundo y hay unas atracciones nunca vistas. Esta torre que os mando en esta postal es la torre Eiffel de fama mundial y con motivo de la exposición está iluminada con más de dos millones de luces en dibujos maravillosos, es una cosa nunca vista. Recuerdos a los amigos y recibir un abrazo de vuestro primo Benjamín”.
El 14 de diciembre de 1925, ya de regreso a Madrid, le responde a una carta de su primo que se encontraba cumpliendo el servicio militar:

“Querido primo: después de una temporada de cuatro meses en Paris llego a Madrid y entre otras cosas me encuentro con tu carta. Yo no he podido escribirte desde allí porque ignoraba tus señas, si no con mucho gusto lo hubiera hecho. Además he estado ocupadísimo y ello me ha absorbido todo el tiempo. Yo me marché para estar más tiempo pero me ha sido imposible por el frío que allí hacía y por la falta de sol, así que lo he dejado para la primavera próxima que la pasaré en Italia y el otoño en París, y luego regresaré en invierno y probablemente te haré una visita de dos o tres días si estás en Barrax. Me alegro mucho que hagas oposiciones a Auxiliares de Gobernación, está muy bien porque los pueblos cada día tienen menos importancia y se quedan en ellos nada más que los fracasados y los pobres de espíritu, así que me alegro infinito que no seas uno de estos. Recibe un abrazo de tu primo Benjamín”.
El 31 de diciembre de ese mismo año escribe a sus primas desde Madrid:

“Queridas primas Salomé y Carmen: desde hace unos días me encuentro en Madrid, pues el invierno en Paris es tan crudo que no he podido aguantarlo. Como el año toca a su fin, y la alegría va a invadir pronto vuestra casa por el licenciamiento de vuestro querido hermano, os escribo para participar de ella. Le dais un abrazo de mi parte cuando llegue y hacerle recordar que tiene un primo que no lo ha olvidado en todo el tiempo que ha estado ausente. Mil felicidades en este año 1926 y acordaros de vuestro primo que no os olvida. Benjamín. Recuerdos a tus padres y a la abuelita”.
En las postales que enviaba a su familia de Barrax, también dejó constancia de su primer viaje a la costa alicantina, al que no fueron ajenos Rafael López Egóñez y Juan Ramón Jiménez. La que les envía desde Altea, fechada el 19 de diciembre de 1926, año este definitivo en la evolución del pintor, incorpora como novedad su manera de despedirse:

“Queridos tíos y primos: me encuentro pasando una temporada en Alicante junto a este maravilloso mar azul. Como hace tanto tiempo que no nos comunicamos hoy os recuerdo lleno de cariño a todos. Recibir un abrazo de vuestro artista Benjamín Palencia.”
Es posible que trascurriera bastante tiempo sin que Benjamín mantuviera contacto con su familia; no sabemos si existió algún motivo personal o se debió a  la actividad que despliega el pintor desde 1926, realizando numerosos viajes por España y el extranjero, además de sus trabajos para La Barraca, y la participación en diversas exposiciones … El contenido de la última postal a la que hemos tenido acceso, fechada el 18 de marzo de 1936, no deja lugar a dudas:

“Querida familia: Ya nos hemos olvidado completamente unos de otros, “porquë?” [sic] Yo todavía siento que llevo sangre barraxeña [sic]; por esto de vez en cuando surge de adentro de mí, un recuerdo, un afecto entrañable hacia los míos, los de mi sangre. ¿No será posible saber algo de vosotros? El silencio de este tiempo transcurrido ha servido de algo, o mejor dicho, de mucho; ha servido de purificación, de olvidar si hay algún resentimiento. ¡Hay que saber perdonar ¡ Felicidades y abrazos Benjamín”.

Desde el primer momento de su encuentro con Juan Ramón Jiménez, se despertó entre ambos un cariñoso tono afectivo y familiar que se mantendría en el tiempo. Además de sentirse deudor con el poeta, como declaró en varias ocasiones, la influencia de éste sería determinante en la inclinación lírica de la personalidad del pintor. Por eso, no es extraño que fuera Juan Ramón uno de los primeros a los que Benjamín escribiría nada más llegar a París en su primer viaje, haciéndole partícipe de sus primeras impresiones, lo que además nos sirve para precisar en el tiempo esta primera estancia del pintor en la ciudad del Sena, dado que sobre la misma existen divergencias entre varios autores.
El 15 de octubre de 1925, nada más llegar, le escribe una primera postal desde el Hotel Saint-Pierre de París y unos días después, el 22 de octubre, le hace partícipe en una extensa carta de sus impresiones:[4]

“Querido amigo: desde que llegué a esta ciudad no he dejado de ver museos, y exposiciones de arte nuevo. Lo primero que hice fue visitar el Museo del Louvre y me interesó mucho, porque se puede hacer un estudio profundo del desarrollo de la pintura desde Giotto hasta los impresionistas. Aquí he visto claramente las influencias que han ejercido los clásicos en los modernos.  Ingres que tan comentado es en estos últimos tiempos, con la vuelta de los académicos al concepto moderno, no me ha gustado nada, es demasiado frío, me ha dado en muchos cuadros la impresión de ilustraciones en grande. Me ha gustado más Poussin, que se puede decir que ha sido su punto de mira; muchos de los cuadros de Ingres han salido de Poussin, pues éste y Claude de Lorraine quedan muy bien en el Louvre. Manet me ha interesado muy poco, todo lo que sabe es de los pintores españoles, queda algo seco y frio, me gusta mucho más Delacroix, no el de los cuadros grandes de composición sino en “Odaliscas en el Harem”; este es prodigioso de sensualidad y enseña mucho de materia; de aquí parte en muchas cosas Matisse.
La sala de los primitivos italianos está muy bien; estos han sido los maestros de muchos de los modernos, Rousseau se ha hecho aquí, es enorme la influencia que estos han ejercido en él. Pasemos a los impresionistas. De estos los que más me han interesado han sido Renoir, Cézanne, Sisley, este último es un enorme poeta de la pintura, Renoir es maravilloso de materia y de sensualidad, queda muy francés, Cézanne es todo lo contrario de Renoir, es bronco, más a lo español, pues Velázquez y Greco han influido mucho en él, pinta con una valentía enorme y se puede aprender mucho. Después Picasso, Matisse, Derain y Braque son los mejores, estos me han impresionado mucho, sobre todo Picasso y Matisse; Picasso es prodigioso como pinta, que bien ha cogido a los clásicos para enervarlos en el temperamento de hoy. Matisse es enorme de color, armoniza la línea con éste, con gran acierto y sabiduría. Los pintores jóvenes españoles, no me han interesado nada, son muy turbios de concepto. Manuel Ángeles que tanto lo traen y lo llevan en erre, no me ha gustado nada, es una imitación mala de Picasso, su dibujo del cual tanto han hablado –de que dibuja tan bien– es muy amanerado y frio, a veces recuerda a Romero de Torres, sobre todo en los retratos, pues esto es lástima, porque tiene sensualidad. Cossío no es nada, y en dos años que lleva en París, ha hecho tres o cuatro cuadros sin importancia. Peinado, al conocer lo que aquí se hace desaparece del todo, lo que él hace lo hacen con todo, los malos.
Aquí D.  Juan Ramón son tan malos los pintores como en esa, de cincuenta mil que se calcula que existen en París, no interesan nada más que siete u ocho, hay mucha tragedia. De París me ha interesado la ciudad, su organización perfecta en todo, y es muy bonita pero los franceses son muy patanes y no se les ve la finura por ningún lado; como dicen, la francesa es inteligente, más que el francés, pero tienen todos aire de “cocotte”. He estado en la Gran Ópera y aquí se ve la psicología de todo el gusto francés, mucho lujo, mal entendido y muy ordinario, son muy aficionados a la purpurina, ésta les va muy bien. Recuerdos de Rafael y V. reciba un abrazo de su pintor que no le olvida. Benjamín Palencia. Recuerdos a Zenobia de nuestra parte”.
Benjamín  le enviaría otra breve carta desde París en una fecha indeterminada pero cercana al final de su primera estancia parisina, a juzgar por el contenido de la misma:

“…Dentro de unos días, recibirá Rafael un cajón con las obras que hasta aquí he hecho; cuando la reciba, ya le avisará él. Muchas gracias por su cariñosa atención y con mis afectos para Zenobia reciba un abrazo de su artista, que no le olvida…”
En febrero de 1927, le volvería a escribir otra carta, esta vez desde Altea. De todas  ellas se desprende el trato familiar y continuo que ambos mantuvieron en estos años, donde la influencia del poeta de Moguer sobre Benjamín quedaría reflejada en el establecimiento de una gran ascendencia del pintor hacia Juan Ramón.

“Querido amigo: cuantas veces me he acordado de Vd. Mirando este maravilloso mar azul mediterráneo. No se puede Vd. figurar la alegría que me causó recibir su postal con esas palabras tan cariñosas. He estado bastante malo creyendo no les iba a ver más; figúrese Don Juan Ramón ¿Cómo lo habré pasado metido en la habitación de una fonda, fría y sucia, y sin cariño de nadie? Gracias a mi inseparable amigo “Platero” que ha sido el único que me ha acompañado durante mi enfermedad. Ya me encuentro completamente restablecido y con un gran entusiasmo para el trabajo”.
En cuanto a los escritos en los que el artista define su posición a la hora de afrontar y resolver sus pinturas, el primero de ellos fue publicado en 1932; se trata de un pequeño volumen titulado Los nuevos artistas españoles, con 24 reproducciones precedidas de un poético texto a modo de manifiesto personal, [5]en el que se aprecia su realineamiento con la tradición naturalista, formulada sobre todo por medio del color y la materia, en términos estrictamente pictóricos, como expresión poética del pensamiento. [6] Considerado por los especialistas como el compendio de su ideología plástica de estos años,[7] él mismo lo define así en sus primeras líneas:

 “Lo que me propongo en estas pinturas de ritmo misterioso, es recoger lo esencial del espíritu español, en formas sencillas llenas de sensibilidad e invención. El procedimiento para dar vida a mis pinturas o dibujos, es creado al mismo tiempo que las concepciones poéticas del pensamiento […] la materia es una de las cosas que más me interesa destacar, porque en ella hay una poesía con la que, a veces, el cuadro o dibujo se hace más hondo y atrayente por su belleza misma […] a toda persona sensible que llegue a mi obra quiero que se le despierten y trabajen los sentidos, que vivan en ella las sensaciones de los tactos infinitos de las cosas que están recogidas por mis manos […] teniendo sensibilidad y manos que sepan dar forma a la intima visión del pensamiento, el saber o no saber dibujar no tiene sentido”.
En febrero de 1952, Benjamín publica otro breve escrito en el número 26 de Cuadernos Hispanoamericanos; han pasado veinte años y acaba de alzarse con el Gran Premio en la I Bienal Hispanoamericana de Arte. Palencia seguirá manteniendo su sintonía con la naturaleza cuando expresa: “…soy raíz de tierra, de color, de cielo y luego soy dimensión. Mi obra mira a un olvidado firmamento […] la condición previa pues, para mi arte actual es que no sea abstracto, ni sea académico; el arte tiene que llevarnos a la emoción de asombro ante el problema del existir…”

Años más tarde, en 1974, volvemos a contar con otro texto suyo cuando ingresa como miembro de número en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Mi concepto y experiencia de la pintura será el título de su discurso de entrada, aunque él no lo define como discurso, sino más bien como una serie de pensamientos e ideas escritas en diversos momentos de su vida. En los primeros párrafos del texto nos confiesa que “… todo estaba centrado en una pintura de realismo frio y copia del natural, sin emoción ni creación […] muy pronto comprendí que no era cosa de repetir lo ya hecho. Había que crear algo nuevo…”, para preguntarse a continuación: “¿Qué es para mí la pintura hoy?” Su respuesta es muy clarificadora al respecto y no deja lugar a dudas, enlazando con todas sus afirmaciones anteriores, independientemente del tiempo transcurrido entre ellas:

“ No comprendo el hacer arte de espaldas a la Naturaleza; sin vivir la vida de las cosas, estudiando y desentrañando cuanto vive en el Universo para formar un ser nuevo por medio del lenguaje de las líneas y de los colores […] la pintura que recurre al arte documental, libresco, renuncia a esa Naturaleza de luces y flores, de ríos y hierba tierna que crece a la vera de los caminos […] los valores plásticos puros no pueden estar supeditados a dar sólo un parecido de las cosas. Esto ya ha perdido su fuerza porque la pintura no es una imitación de la naturaleza […] la luz es el elemento que hace vivir a los colores, que les da energía, potencia principal de todo arte grande[…] La pintura no es realidad simple, sino realidad poética[…] afirmamos con esto que el arte es creación constante, si no se crea, se repite y termina por negarse a sí mismo por falta de germen nuevo[…] hay que tratar a la materia como organismo vivo; aquí blanco, allí duro, aquí firme y en reposo, allí movible y fluctuante; aquí estático, allí dinámico. Todas esas cualidades son las que mueven la vida de mis cuadros. Este es el lenguaje de la materia […] todo esto plasmado con un sentido poético, en unas formas nuevas que yo he extraído del color de la naturaleza”.

Aquellas palabras preliminares publicadas en 1932, establecieron claramente el posicionamiento de Palencia sobre su pintura, siendo el texto más coherente y bello de los escritos por el pintor, pues incluso nos lo recuerda su discurso de ingreso en la Academia, aunque no llegue a tener la unidad y belleza de aquel. En esencia, Benjamín se mantuvo fiel a sus convicciones iniciales sobre su manera de entender el Arte; también sobre los cuadros de Historia, el academicismo imperante o la abstracción. La Naturaleza siempre fue su fuente de inspiración y en sus cuadros buscó, utilizando sus palabras “…la belleza misma de las cosas, todo ello plasmado con un sentido poético, en unas formas nuevas que yo he extraído del color de la Naturaleza…”
Benjamín siempre tuvo como horizonte una constante búsqueda de la belleza que procuró  dejar plasmada en su extensa obra pictórica, pues durante toda su vida estuvo poseído por una verdadera furia creadora. [8]











Artículo incluido(junto al de otros autores) en el catálogo publicado por el IEA. con motivo de la inauguración de la exposición de pintura: BENJAMÍN PALENCIA Y LA PINTURA DE SU TIEMPO EN ALBACETE (1909-1978) el día 5 de diciembre de 2014 en el Museo de Albacete.




[1] CARMONA, Eugenio: “Naturaleza y cultura. Benjamín Palencia y el “Arte Nuevo” (1919-1936)”, Benjamín Palencia y el Arte Nuevo. Obras 1919-1936. Bancaja, Valencia, 1994, pp. 63-145: 65.
[2] La obra fechada en 1924 se conserva en los fondos del Museo Casa Ibáñez en Olula del Río (Almería). Se custodia el documento por el que la prima del pintor Carmen Herreros regala la obra a su sobrina Margarita García, terminando en una colección privada que sacó la obra a subasta.
[3] Postales propiedad de D. Andrés Collado.
[4] JAÉN SÁNCHEZ, Pedro José: Benjamín Palencia Pérez (1894-1980). Cuadernos de Barrax, nº 1. Edita Asociación cultural “la Coscoja”, Albacete, 2011, pp. 36-37.
Las cartas forman parte del legado de Juan Ramón Jiménez, ref.315/3; 315/4, y han sido cedidas generosamente por Dª. Carmen Hernández-Pinzón. Casa Zenobia y Juan Ramón.


[5] PALENCIA, Benjamín: Los nuevos artistas españoles. 24 reproducciones y palabras preliminares. Editorial Plutarco, Madrid, 1932.
[6] HUICI, Fernando: “Sentido y sensibilidad en Benjamín Palencia”, Benjamín Palencia. Santander, 2000, pp. 15-23.
[7] ESTEBAN, Paloma: “Benjamín Palencia, partícipe del Arte Nuevo”, Benjamín Palencia y el Arte Nuevo. Obras 1919-1936. Bancaja, Valencia, 1994, pp. 15-41: 31.
[8] TUSELL, Javier: “Benjamín Palencia y la circunstancia histórica de la vanguardia española (1916-1936)”, Benjamín Palencia y el Arte Nuevo. Obras 1919-1936. Bancaja, Valencia, 1994, pp.43-61: 59.